A lo largo de los años, nos acostumbramos a ser quienes resuelven los problemas de la casa. Fuimos nosotros quienes cuidamos de los hijos, proveímos para el hogar y fuimos el soporte de la familia. Pero llega un momento en la vida en el que nuestras propias fuerzas ya no son suficientes y nos damos cuenta de que necesitamos ayuda.
El rey David entendía perfectamente este sentimiento de vulnerabilidad, y por eso cantó en el Salmo 121:1-2: "Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra."
El Creador es nuestro guardador
Cuando miramos nuestros problemas frente a frente, parecen gigantes. Cuando miramos nuestras propias capacidades, nos sentimos pequeños. Pero el salmista nos invita a cambiar nuestra postura: "Alzaré mis ojos". Mirar hacia arriba significa quitar la mirada de la enfermedad, de la cuenta bancaria o del problema familiar, y fijarla en el Dios infinito.
Tu ayuda no proviene de tus capacidades, ni de los hombres, sino del mismo Artífice que formó los cielos y las estrellas. Estás en las mejores manos.
Hoy, no intentes cargar con todo tú solo. Levanta tu mirada al cielo. El Señor está dispuesto a socorrerte. Él no duerme, no se cansa y no te pierde de vista ni un solo segundo de tu existencia.
Oración para hoy
Señor, reconozco que mis fuerzas son limitadas. Hoy decido levantar mis ojos hacia Ti, porque sé que de Ti viene mi verdadero auxilio. Te pido que intervengas en las situaciones familiares y de salud que escapan de mi control. Ayúdame a descansar en Tu poder y a confiar en que Tu cuidado sobre mi vida es perfecto y constante. En el nombre de Jesús, Amén.